Aqui estoy otra vez, desahogando mis penas. Todo esto es mi vivencia y mi perspectiva no es así todos y cada uno de los casos.
Hace 10 años me convertí en “la
mamá”. Nadie te habla de la realidad, nadie te dice de que se trata, nadie te
dice que no solo tienes cambios en tu cuerpo también en tu mente y que puede
llegar a ser demasiado abrumador.
Te impactas cuando recibes la
noticia aún y estés consciente de que puedes recibir el Sí, ver el palito te
asombra.
Empiezas a comer más, te dan asco
cosas inesperadas, se te antojan otras raras.
Todo mundo empieza a opinar y
decirte todas las cosas que pueden salir mal robando tu paz y tus ganas de
gozar esa etapa.
Empiezas a ver como tu cuerpo crece,
tu trasero se vuelve enorme, la magia hace efecto y pasas de limones a
mandarinas, empiezas a ver tu panza como si tuvieras 5 días sin ir al baño, te
da más sueño y ni se diga cuando ya tienes 8 meses y a duras penas duermes
porque no te acomodas para ningún lado.
Y eso es solo el comienzo, llega
el bendito post parto. La pesadilla más grande del mundo. Eres gorda, aguada,
sangras en dimensiones incomodas, te acaban de abrir cual marrano en una mesa y
te duele solo de pensar que debes ir al baño; un ser humano está pegado a tu
mandarina todo el día y te duele como la fregada, intentas encontrar la posición
perfecta pero no lo logras y lloras mientras ella come. Te deprimes porque no
es lo que el mundo siempre te pintó y descubres que vivías en una burbuja de
estupideces.
No sabes quien eres, que haces,
solo te das cuenta de que se te prende un switch que te da las respuestas a los
sonidos del bebé, eso es asombroso.
Luego empiezan a pasar los meses
y sigues gorda, aguada, en cuerpo y versión extraña, solo esperas comprender
algún día todo lo que estas pasando. Pasan los años (y muchos) para superar toda
esta situación medio traumática.
¿Ya las traumé? Bueno, ahora va
la parte no fea.
Eres una máquina impresionante
que tiene un humano nuevo dentro, sigo sin comprender esa magia.
Te ilusionas y quieres comprar
todas las cosas bonitas que pasan frente a ti, ni sabes para que son o si lo
vas a usar, pero tu quieres. Te imaginas como va a ser, si va a tener tu nariz,
sus manitas como serán y a mi me fascinan y encantan los piecitos de bebé.
Huelen deli, quisieras hacerlos
perfume jajaja. Tienen unos cachetitos hermosos y te sonríen y tú te derrites.
Cuando empiezan a comer solidos te diviertes porque se embarran o tu los
embarras porque les quieres meter un mega bocado en su micro boquita. Te
vuelves actriz, cantante, multitask, experta en baño y cambio de pañales apestosos.
Lo o la cargas en tu pecho
mientras esta durmiendo y se siente tan bonito, su calor, su olor. Quisieras
detener el tiempo ahí y nunca ponerle play otra vez.
Has creado a tu nuevo o nueva
compañera por unos años, porque luego quien quiere andar pegado a sus papás
todo el día, nadie.
Cuando crecen y crecen todo mundo
sigue opinando, algunas cosas las tomas otras te valen madre; Todos y cada uno
de los momentos son divertidos, vuelves a ser niña y a tener momentos sabrosos
en compañía de alguien que amas y eso no lo quieres cambiar por nada.
Yo siempre me he imaginado con
dos hijos, pero sé que no me gustaría volver a pasar por un embarazo y post parto
jamás. Si algún día la vida me da la oportunidad de alquilar un vientre o
adoptar un bebé lo haría con todo el amor y gusto del mundo.
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